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Excombatientes realizan la vigilia en una Bahía distinta: "La ciudad se tiene que levantar"

Guillermo De la Fuente explicó qué los llevó a mantener la realización de la concentración en el monumento de La Falda y Cuyo luego de la trágica inundación.

Guillermo De la Fuente visitó los estudios de La Brújula 24 para rememorar la gesta de Malvinas.

Guillermo De la Fuente, integrante del Centro de Veteranos de Malvinas de Bahía Blanca, visitó los estudios de La Brújula 24 a minutos del inicio de la vigilia en conmemoración de otro aniversario de la gesta, en el cenotafio de La Falda y Cuyo. En principio, justificó la decisión de realizar la vigilia en el actual contexto de dificultades que enfrenta la ciudad luego del trágico temporal del 7 de marzo.

“Estábamos dudando de hacer la vigilia o no. Lo del 2 de abril es un acto oficial, protocolar, no por eso menos válido, pero en la vigilia celebramos la recuperación de las islas. Para nosotros fue una alegría haber recuperado las islas; ojalá repitiéramos esa alegría pero de forma pacífica. La guerra es el fracaso de la palabra y el arma más potente que tenemos es el estudio; la soberanía esté en el estudio. Este año se nos complicó porque, en medio de tanta tristeza, lo que analizamos que de algún modo el evento climático del 7 de marzo nos inundó. Yendo a la experiencia que uno vivió durante la guerra, a pesar del dolor, del hombre y del frío; del miedo y la incertidumbre, del coraje…todo mezclado, había momentos donde se permitía la alegría. La ciudad se tiene que levantar y no podemos seguir con el alma inundada. Qué hay de malo que hoy nos juntemos los veteranos con los vecinos, que hagamos un ejercicio de memoria, a recordar que hace 43 años le mojamos un rato la oreja a los ingleses y recuperamos Malvinas y pasarla bien.

Los excombatientes vienen colaborando desde el principio colaborando con damnificados por el temporal.

“Ayudar es gratificante. Es duro encontrarse con el dolor de tu vecino o de otro ciudadano que, por ahí, no sabe por dónde arrancar. Es muy gratificante encontrarte con un vecino, le llevás un colchón y te dice ‘no, gracias, yo ya tengo; andá acá a la vuelta que hay una abuela que lo necesita y no tiene’. Son las caras: una realidad muy dura y, al mismo tiempo, cuando participás de esa ayuda, te sentís gratificado. Si querés un país como la gente, tenés que ponerle el cuerpo todos los días. El fin de semana pasado fue terrible, pero después te quedás con esa sensación grata de lo que pudiste hacer. Muchos compañeros lo comparan con lo que hizo la gente por nosotros en 1982. Cada uno lo procesa de una manera distinta pero, si trazás paralelismo, Bahía Blanca hoy está en guerra. Nosotros aprendimos en la guerra que al compañero no se lo deja atrás, y al compañero efectivamente no lo dejamos atrás.

De la Fuente planteó que, en lo inmediato, lo que se viene en la ciudad “es una realidad totalmente distinta” a la que hay que estar dispuesto a enfrentar con una mirada solidaria y de empatía.

“Va a faltar trabajo, hay muchos negocios que ya no abren. Son empleados que vamos a tener que ver cómo hacemos para sostenerlos nosotros los bahienses. En la medida que veamos esto, creo que podremos salir adelante. Ahora estamos viendo de racionalizar la ayuda con aquella gente con la cual nos comprometimos. Es imposible ayudarle a todos. Creo que está bueno que todos vayamos pensando cómo nos comprometemos para colaborar. Hay pequeñas cosas que pueden hacer la gran diferencia.

En la madrugada del 2 de abril chocó con el auto de su padre. Lo giró del golpe. Era su primer franco y era un recién incorporado al Servicio Militar con sólo 18 años. Formaba parte de la Policía Militar en el V Cuerpo del Ejército.

Se me cruzó San Martín, mi viejo me crió así. Yo no tenía ni idea qué pasaba. Se suponía que íbamos a negociar y volvíamos después de unos días. Salió del cuartel para avisarle a sus padres. “Cuando le dije, mi vieja tenía la tristeza en la cara. Mi vieja me escribía cartas diciendo que seguro yo estaba de vago acobachado con una gringa. Después cambió el 1° de Mayo (cuando constataron que no había instancia de negociación posible y hubo tres bombardeos de aviones) el tono era otro: cuídate y demás”, rememoró.

“Fueron tres ataques. En el primer momento fue el ruido y el miedo al meterte dentro del pozo; en el segundo lo maquinaste y, en el tercero, sabés que te vas a morir…hoy, mañana o pasado, pero te vas a morir; es una cuestión de tiempo. Esta certeza de muerte la sostuve en el tiempo y en algún momento me plantee si no era una ideación que la había ido practicando con el tiempo. Cuando murió mi vieja, recuerdo que encontré una carta donde yo le decía ‘me encantaría ahora estar con ustedes tomando unos mates debajo de la parra, pero sé que eso no va a volver a pasar’. Cuando volví, no tenía emociones. Lo que nunca te planteás en la previa, es que te vas a rendir", manifestó.  

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