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Juicio al peritrucho: declaró un reconocido veterinario y profesor de odorología
Mario Rosillo es uno de los principales especialistas en la búsqueda con perros en el país.
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El médico veterinario Mario Rosillo es uno de los máximos exponentes sobre odorología y búsqueda con perros de rastros del país y el mundo. Ha escrito libros referidos a dicha materia, uno de ellos, “La identificación humana forense con caninos”, fue citado en un libro considerado como la “biblia” de los adiestradores, que lleva por título “Human Scent Evidente”, de los autores Prada, Curran y Furton.
Después de varias postergaciones por cuestiones médicas, Rosillo prestó declaración testimonial este miércoles en el juicio contra Marcos Herrero que se desarrolla en el Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca y que es presidido por el juez Ernesto Sebastián.
Rosillo comenzó describiendo de modo general la técnica de búsqueda con canes. Y sostuvo, como lo señala la bibliografía existente, la ciencia y otros adiestradores; que el olor/rastro de una persona puede “durar” -como máximo- en un rango de entre 36 a 72 horas. Distinto es cuando los “olores” se logran preservar adecuadamente en las primeras horas, manteniéndose en frascos en determinadas circunstancias. En ese caso la “guarda de olor” se podría sostener hasta 20 días. Esa es la técnica de odorología.
En el caso de Herrero, sus hallazgos se producían meses u años después. Y en casi todos los casos su “técnica” era el olfateo de objetos de -supuestas víctimas o victimarios- en todo tipo de terrenos “sin límite de tiempo y con un 100% de efectividad”. Así lo afirmaba públicamente y en su currículum. Por este motivo, en sus divagues cotidianos, ante el cuestionamiento sobre la infalibilidad y su contradicción con lo que indica la ciencia, el peritrucho comenzó a repetir que sus perros detectaban la energía de la persona buscada y eso era “eterno”.
El veterinario Rosillo explicó, como otros, que los perros deben estar entrenados en una determinada búsqueda, no como los de Herrero que “detectaban” armas, droga, vivos, muertos y practicaban disciplinas diferentes como “rastro especifico” y “odorología”.
Además, como lo señalan otros expertos y fallos judiciales, en el caso de estar correctamente realizada la técnica (que no era el caso de Herrero) los resultados son “indicios”, que deben ser corroborados por otros equipos caninos y, principalmente, por los resultados de laboratorio que analizan lo detectado por el can. Como se ha informado en reiteradas ocasiones, los “hallazgos” de Herrero eran desmentidos, primero por sus propios pares que nada encontraban, y luego por el laboratorio.
En todos los casos descritos en el libro El Coleccionista de Huesos (en Facundo y 20 más) NUNCA -ni de carambola- los huesos, la sangre o el “olor” se comprobó científicamente que fueran de quien Herrero afirmaba que eran.
Los procedimientos
Más adelante, Rosillo realizó un análisis pormenorizado de los videos de Herrero en los procedimientos de Origone (Vaquita de San Antonio) y Bahía Blanca-Etios (Turmalina).
Sobre el “hallazgo” de la vaquita de San Antonio dijo que “no hay posibilidades” de encontrar algo “en una bolsa podrida”. Y luego criticó el método de inducción de Herrero por sus señalamientos. “El perro tiene que trabajar solo”, agregó.
Más adelante sumó un dato de sentido común y de percepción para un simple observador de la escena del hallazgo del “amuleto”. Herrero entra al cuarto con su perro solo (sin testigos ni filmación) y permanece varios segundos en soledad. “El que supervisa el procedimiento tarda 11 segundos en entrar”, advirtió Rosillo.
Nunca se sabrá, al menos que haya una confesión, si aquel día Herrero sacó el objeto en ese mismo instante o si ello fue depositado días anteriores, ya que el lugar había permanecido meses con acceso libre, sin custodia ni precintado.
Rosillo también se preguntó, con pura lógica, de dónde había conseguido Herrero “sangre de Facundo” para las tomas de olor. De ciencia ficción.
Sobre el procedimiento en el Etios (segundo a “amuleto”), el veterinario habló sobre el estado de ansiedad el perro de Herrero que se “comía” los asientos, ya extraídos de vehículo, y se abalanzaba sobre una mesa de trabajo para intentar morder unos fibrones de los peritos de Gendarmería.
“El perro de rastro no rompe. Tiene que marcar de manera pasiva”, agregó el profesional, explicando que -por obvias razones- el rascado o la mordida puede destruir una eventual evidencia.
Como conclusión, señaló que el can puede estar entrenado “para romper todo lo que tiene olor al dueño”. (NdR: esto se ve cuando en un procedimiento en Mendoza, el perro “enloquece” con un cráneo plantado por Herrero y que tenía una gran impregnación de su ADN).
Por último, y antes de un receso que durará hasta el 10 de marzo, Rosillo fue interrogado por la defensa de Marcos Herrero que intentó marcar supuestas contradicciones en declaraciones públicas sobre la duración del olor y le mencionó un par de casos en donde -supuestamente- el profesional había señalado hallar evidencia importante. Y se mencionó el episodio de un “gaucho” que tenía “fuerte olor a pie” en una alpargata luego de años.
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